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MATERIA, MARXISMO, FÍSICA

  • 22 feb
  • 17 Min. de lectura

Actualizado: 18 mar

MATERIA, MARXISMO, FÍSICA

Ha sido el caso que un texto (sustancioso) acerca de Eddington en un artículo (jugoso) de Gómez Pin me ha llevado a recordar y releer tras decenios, textos sobre el concepto de materia en el marxismo.

Así tenemos el famoso enunciado de Lenin acerca de la materia como realidad objetiva, que es reflejada en nuestro cerebro por el intermedio de nuestros órganos sensoriales. Es patentemente un rechazo tanto al Geist de Hegel, como al empirocriticismo de Mach; nada de Espíritu, la Sustancia es materia, y su existencia es indudable. En este hecho puro y duro se sustentan el materialismo histórico y el dialéctico.

En las fechas en que Lenin redactó Materialismo y Empirocriticismo la microfísica ya había alcanzado notable sofisticación y hallazgos observacionales; se cuestionaba que la realidad fuera sencillamente corpúsculos, y existían atrevidas hipótesis al respecto. Lenin, como buen marxista, niega estas últimas: el Ser es material, y punto final.

Por supuesto, con la ventaja del tiempo, podemos poner muchos (pero que muchos) puntos sobre las íes leninistas. ¿La realidad física?: ondas, cuerdas, quarks, simetría, información (it from bit), matemáticas (e. g. Tegmark) …, en fin, Vds. lo conocen bien.

Así que eso de que lo Último es: extenso, figura, divisible, movimiento o reposo, impenetrable, esto es res extensa…, no está nada claro, ni demostrado. Por otro lado, o por el mismo, está la conjetura de que el cosmos es una simulación cibernética, creada por ¿otro “universo” físico?, ¿otra simulación? Sí, la cabeza nos da vueltas con estas suposiciones. Está además lo de los múltiples mundos, en que se divide la realidad cada vez que realizamos una observación (sobre El Gato); ¿realidad material? Más vértigo gnoseológico.

Ya puestos quizás todo es sueño, y los sueños sueños son; la realidad podría ser onírica al 100%. O de manera casi equivalente existe el genio maligno, pero no Dios: aunque evidentemente Aquél nos hace creer en la existencia de Éste. ¿Nos?; ¿a quienes?; verdaderamente sería a Uno Solo, Descartes, o más bien Yo, ¿o Vd.? Ni que decir tiene que estas elucubraciones pondrían de los nervios, por retrógradas & burguesas, a los discípulos buen Karl, empezando por Ulianov. Sin embargo las de este último no lo son menos, y nada contrastadas, si nos atenemos a lo que nos describe (matemáticas) el conocimiento contemporáneo.

En ese repaso que he realizado ha entrado, ¡cómo no!, Kolakowski: las leyes de la dialéctica marxista son o perogrulladas, o dogmas, o disparates; o una combinación de las tres cosas. Más alto sí, pero más claro no: ¡menuda artillería pesada, obuses de gran calibre y muchas libres contra el comunismo! Como este pensador polaco no dispara con pelotas de goma, me viene de perlas (no-cultivadas) para obtener un debate más intenso.

1.Cantidad genera cualidad. El agua da vapor, o hielo…; bien, bonita imagen, incluso poética.

2.La unidad de los opuestos, como p. ej. teoría corpuscular vs. ondulatoria de la luz. Bueno, sí se ha hablado de ondículas, pero que haya unidad de ambas teorías sustancialmente es más que discutible; en todo caso coexistencia no-pacífica en la ciencia contemporánea, con autores intentando romperla en favor de unos u otras. Respecto a p. e. electrones (partículas negativas) y protones (partículas positivas) no se ve cómo su “fusión” puede ser fructífera en los átomos, o en la física.

Con la ventaja de conocimiento ulterior…, si juntamos materia y antimateria, v. gr. electrón y positrón, ¡menuda síntesis!, ¡puf!, ¡adiós muy buenas!

3.Negación de la negación. La semilla da lugar a la planta, la cual a su vez produce más semillas; pues sí, inspirador, con toque literario incluso. En El Estagirita ya se encuentra una noción similar, con eso si primero es el huevo o la gallina.

No se trata en absoluto de leyes físicas, de enunciados falsables; no son propios de una teoría (programa de investigación) científica. No generan, ¡en absoluto!, predicciones, porque no están matematizadas. En fin, por aquí iríamos a primeros principios filosóficos, que definen un sistema conceptual, pero ellos mismos no son resultado de observaciones.

Aunque Kolakowski no descarta lo de sandeces, ¡glub!

Parecería que el materialismo dialéctico no cubre el mismo terreno que la físico-matemática (¿capitalista?), pero no lo veo tan claro. De hecho ambos pretenden describir la Naturaleza, sólo que el primero lo hace sin ecuaciones/cuantificación/lenguaje formal, ¡gran diferencia!, que lo sitúa fuera de las ciencias “duras”.

Otra gran pregunta es si la dialéctica de la naturaleza es estricto marxismo, o una extensión no-autorizada, elaborada por Engels. En fin, doctores tiene el comunismo, y yo no me encuentro en ese grupo. ¡Hum!, me arriesgo a declarar en afirmativo con todo.

La teoría económica marxista es ante todo y sobre todo antitética al Idealismo: el modo de producción es la clave. Y éste es un proceso estrictamente material: fuerzas productivas, medio de trabajo y similares. De modo y manera que un compromiso con el materialismo es inevitable aquí, y éste lleva a una teoría sobre la naturaleza, como la generada por Engels (para no pocos un tipo nada seráfico). Sí, veo comunidad entre los dos materialismos del comunismo; lo cual no genera buenas noticias para calificar a éste de ciencia rigurosa: la teoría de Engels no lo es, desde los patrones habituales (¿capitalistas?) de lo que es un programa de investigación científica.

¿Necesita el pensamiento histórico/económico marxista de toda esta parafernalia filosófica? Porque el abajo firmante (i. e., yo) cree que tales máximas dialécticas son no exactamente simplezas, sino postulados de una metafísica: ciertamente su seguro servidor también dispara, aunque no sea Duke. Y aquélla es necesaria (aquí mi arriesgado argumento) para la doctrina de El Treviriano: modo de producción et alii. Tal teoría económica está inextricablemente unida a una cosmovisión materialista: es precisa pues una filosofía conectada a la tal hipótesis/cosmovisión, para sustentarla. Por lo tanto quiero ser más benévolo que Kolakowski (no manejar el seis-tiros del Oeste) y lo de insensateces…; podemos calificarlos de axiomas, al estilo de Euclides, que no deben ser definidos.

¡Problema! En esta dialéctica no se obtienen consecuencias inmediatamente (mediatamente, o de cualquier manera) observables, debido a la vaguedad (siendo de nuevo magnánimos) de los supuestos. Si el comunista cuestiona esto, y alude a la depauperación creciente y al derrumbe del sistema de mercado por sus contradicciones internas (muy dialéctico en efecto) …, la doctrina ha sido refutada por la Historia, ¡glub! Sólo hay que fijarse en lo bien que viven los proletarios en los países capitalistas (con la lavadora…, Dugin). La réplica leninista es obviamente darle tiempo al tiempo: ya caerá maduro (contradictorio) el modo de producción de libre empresa. ¿Cuánto habrá que esperar? Aquí más que en nunca me voy a Popper: tiene pinta de estratagema convencionalista o algo así; o sencillamente de infalsable, esto es, no-ciencia.

Al fin y a la postre, puede que sea todo ello tan crudo y duro como lo cataloga Kolakowski… El marxismo se enfrentaría conceptual y empíricamente a la Relatividad y la Cuántica, por su radical materialismo, y ciertamente resulta perdedor (muerto de un balazo en una calle de Dodge City): no puede realizar vaticinios confirmados de once (o más) posiciones decimales, ¡ni de una!

Pero vayamos al Único y Sin Igual, el Incomparable, el mismísimo Hegel:

“La materia en ella misma se mantiene ella misma aparte de ella misma a través de su negatividad, diversidad, o separación abstracta en partes; tiene repulsión. Su ser aparte de ella misma es sin embargo igual de esencial, porque estas diferencias son una y la misma: la unidad negativa de esta existencia aparte de ella misma en cuanto siendo para ella misma, y así continua. Por consiguiente, la materia tiene atracción. La unidad de estos momentos es la gravedad”.

Claro como el agua cristalina proveniente de límpido arroyo surgido de transparente fuente en impoluta montaña de limpia cordillera dentro de puro paisaje. Identidad de la identidad y de la no identidad. ¡Hum!, ¡ejem!, ¡ay!, ¡canastos!

Por otra parte mi favorito desde hace mucho es el texto hegeliano sobre la definición y propiedades de la electricidad, ¡impagable!

El propio Karl siempre se definió como firme seguidor de G. W. F., en la parte zurda desde luego, no en la diestra. Y el que escribe este texto, desde siempre, esa fidelidad/adscripción la ha juzgado “arriesgada”, incluso peligrosa, especulativamente y ante todo en política & modos de producción.

Hegel es filosofía pura, metafísica, máximas contundentes sin apoyatura observacional de ningún tipo, especulación (no bursátil) sin freno, lenguaje evocativo & intuitivo etc.; es la no-ciencia, el archienemigo de empiristas y neopositivistas. A muchos matemáticos, físicos, químicos, biólogos, filósofos (no sólo del Círculo de Viena) les encanta despellejar (intelectualmente) a G.W. F. Por contra, y de manera chocante, Marx, el fiel discípulo de este último, inaugura (según Él Mismo) la auténtica Ciencia, que niega & subsume (dialécticamente) todas las anteriores: no tiene abuela, ni humildad; ¡hum!, ¿es hybris helénica y nietzscheana? Vds. lo valorarán.

Su hegelianismo lo juzgo deletéreo para tan alto programa del (se entiende) Saber. Retorno, con la venia de todos Vds., a mi ejemplo favorito: la teoría del valor-trabajo; he afirmado que ella es falsada por el variable (mucho) precio de las angulas en el supermercado, o de los tomates…, o de cualquier mercancía. El valor depende de mí, de lo que yo quiera pagar, porque me gusta y lo quiero; es cuestión de oferta y demanda, de lo que desee el (todopoderoso) comprador. Mi vecino está decidido a pagar un fortunón por cierto sello rarísimo (poca, casi nula, oferta); pero yo no pago ni un duro, porque no me interesan los sellos, y menos uno que no puedo franquear: ¡no es un sello!

Pero el gran Karl (no para Kolakowski et alii), siguiendo al gran G. W. F. (no según los filósofos analíticos, y otros muchos alii), erre que erre conque el valor de un bien está determinado por el número de horas de trabajo invertido en su producción. ¿Y qué pasa si a Mí (cliente) no me gusta, no lo quiero para nada? Efectivamente aquí entra con brío el marginalismo…, por el primer helado pago un euro, por el segundo menos, y por el décimo nada; incluso no lo tomo aunque me paguen pasta, porque estoy “lleno” tras ingerir tantos productos de lo mismo, ¡qué hartura! Pero está claro que la cantidad de trabajo en el primero y en el décimo es la misma; lo que se ha modificado es mi apetencia por ello. Pues sí, es mi deseo lo que decreta el precio, esto es, lo que estoy dispuesto a desembolsar por el helado: oferta y demanda, Mercado (omnipotente igualmente). En fin, subjetividad, gustos y disgustos individuales; ciertamente éste no es el camino hacia la ciencia rigurosa, que demanda objetividad & cuantificación & pronóstico, ¡pero es lo que hay, camarada!, o mejor, ¡muchachote! ¿Demasiado simple?, quizás sencillamente empírico, sin olvidar a Ockham. Yo también puedo ser erre que erre: el precio (muy cambiante) de las angulas…

Esta definición/caracterización marxista del trabajo & mercancía tiene rasgos de: metafísica, inmutable, esencia, sustancia, platónica, filosófica…, algo inamovible, un primer principio, inatacable empíricamente. En fin, no-ciencia; si no una insensatez de Kolakowski, un dogma…, ¡Achtung!, ¿religión?

De nuevo me disculpo por mis reiteraciones. Desde mi primer contacto con el pensamiento de Marx (¡hace muchos eones!) me ha llamado la atención, y producido rechazo, esa fusión de las leyes de la economía/historia y físico-matemática. Otro de mis quasi-monotemas es la conversión del aquél, tras la S. G. M., en teoría omniexplicativa. Lo agremio (como lego legal) a la izquierda posmoderna, la de mayo del 68 e incluso (¡sí!), a la Escuela de Frankfurt y freudomarxismo. ¿Una ensalada con demasiados ingredientes y aliño inhabitual?; puede; si el fármaco contiene demasiadas sustancias, con la meta de curarlo todo, ¡no cura nada! El tema es que el marxismo era (es) una Teoría del Todo: social y natural. Si nos fijamos con atención (como un buen búho) ello obraba ya en materialismo histórico + dialéctico. Era (es) un programa para explicar de una tacada tanto el cosmos socio-económico como el físico, empleando las tesis de la Dialéctica de Marx & Engels. ¡Pero vamos a ver camaradas!, o mejor ¡muchachotes!; ¿en qué cabeza cabe que la mecánica newtoniana sigue la horma (ideológica) de la colectividad quasi-burguesa de la Europa del XVIII? Pues sí, en la de Boris Hessen.

Que las ecuaciones de Maxwell se sustentan en los mismos moldes que la Europa industrial del XIX; que la gravitación einsteniana está totalmente vinculada al pujante Mercado del siglo XX. Todavía desconocemos la correcta “interpretación” de la mecánica cuántica, y si es definitiva o será superada (subsumida), ¡cómo aseverar que es resultado de los mismos procesos que el capitalismo financiero & globalización!; pero los leninistas y maoístas ya saben lo primordial: se ajusta a las tres normas de Engels…, total, absoluta, categórica ¡imprecisión!

Pues sí, mi impresión (o más bien convicción) es que el comunismo omnicomprensivo sufre, desde sus fundadores sugiero, de un auténtico empacho gnoseológico: al pretender explicar Todo (al igual que el fármaco-panacea), lo logra respecto ¡a nada! Lo conocemos bien: si amplías y amplías el significado de un concepto, al final ¡carece de contenido!; e. gr. si todos somos fascistas, ¡nadie lo es! Con esto nos aproximamos más a las simplezas de Kolakowski; pero por “in dubio pro reo” y mi natural benévolo me sigo inclinado por premisas primeras: no es necesario justificarlas, ¡lo cual puede ser un chollo teórico!

Lo que capto en esta mesa redonda (no artúrica) es la pasión desmedida por una visión del mundo verdaderamente única, que dé cuenta de Todo, la piedra filosofal epistemológica: la lex parsimoniae a tope. Demasiado, esferas celestes, números pitagóricos, geometría euclidiana, principio de Arquímedes, cuerpos leves y graves, inercia, órbitas elípticas, gravitación universal, flogisto, oxígeno, evolución darwiniana, electromagnetismo, principio de relatividad, quanta, multiverso, computación cuántica etc. ¡para tres preceptos engelsianos! ¡Mucho toro para un aficionado!

¿Qué es la realidad física? Pues lo que descubra/establezca el saber contemporáneo, tras sostenida (centenaria) experimentación y matematización. No lo que determinen de antemano unos sesudos (o quizás no tanto) pensadores, especuladores mentales, individuos “infusos”, hombres públicos, comisarios políticos, o incluso augures.

De nuevo marcha atrás, volvamos a lo central: ¿pretenden el materialismo dialéctico y la físico-matemática explicar el mismo campo, son competidores para dar cuenta de los mismos fenómenos? En principio la impresión es que no debido a que el primero es filosofía no ciencia empírica; además (o mejor, por lo tanto) parece incapaz de generar vaticinios empíricos/verificables.

Pero en segunda aproximación yo no tengo tan claro esa “inconmensurabilidad” o demarcación popperiana. Lenin, ejemplificando las leyes de la dialéctica, menciona electrones negativos y positivos, que confluyen en la unidad de la materia. Aprovechémonos otra vez de nuestra mucha ventaja, experimental y matemática, esto es ¡cuántica!; Conocemos mucho mejor las partículas elementales; pero precisamente por ello….  el materialismo marxista-leninista (pretende) describe los mismos fenómenos que la esta mecánica (no-newtoniana), ¡con resultados mucho peores! Vamos, ¡qué se equivoca!

El abogado defensor comunista aducirá, con buena base, que en 1.909 (Lenin) el saber sobre los átomos necesitaba aún muchos hervores; y no digamos en 1.886 (Engels). Vale, de acuerdo; pero su avance no ha precisado de unidad de los contrarios, negación de la negación, identidad de la identidad y…, nada de dialéctica de la naturaleza. Ha avanzado, con ingente capacidad predictiva, a través de mucha labor experimental, y de montañas de ecuaciones: lo de tesis-antítesis y síntesis sobra del todo; es más puede entorpecer, enlentecer su desarrollo.

Si Vd., camarada bolchevique/maoísta/jemer rojo me dice que en todos los entes, eventos, procesos, existen contradicciones internas; y que precisamente éstas causan el dinamismo del mundo, y que además éste es su propia esencia…, ¡de acuerdo!, ello tiene fuerza expresiva. Y del mismo modo la tiene que yo asevere que el universo está regido por la voluntad de dios, o del diablo, o del genio maligno; o que no está gobernado por nada ni nadie, puesto que todo es fatum; o es voluntad, un sueño, libido, egoísmo, afán crematístico etc. Es posible enunciar lo que nos salga del magín, pero si no contamos con apoyo empírico, ¡no es conocimiento (contrastado)!, sino poesía, o coleccionar sellos (Lord Kelvin) ¡o sabe dios qué!

Algo que evoco a menudo, y no por tópico pierde fuerza argumentativa… La cinemática de Galileo consta de tres principios, la mecánica de Newton de otros tantos, el darwinismo de dos, ¡y todas inferencias que exprimimos a partir de ellos!; todas confrontadas con (contra) la Naturaleza. Más típico todavía, la Relatividad Especial emplea sólo dos “premisas”, ¡pero cuánto “sacamos” de ellas!; equivalencia entre masa y energía, otra concepción del tiempo (dilatación, simultaneidad) y del espacio (ya no es euclídeo), modificación (no eliminación) completa de la mecánica de Newton y de las transformaciones de Galileo. ¡Es que Einstein inaugura otro mundo!

Y ya metidos en faena, me encamino, ¡como no había de ser menos!, a mi predilecto. Sobre el Equilibrio de los Planos necesita de siete suposiciones, pero es que Sobre los Cuerpos Flotantes ¡sólo de una! Cierto que una muy densa, vamos, ¡que ella misma no flotaría! Y todos somos conscientes de la cantidad de información física conseguida, desde hace más de dos mil años, a partir de tales obras: estamos dando las gracias a Arquímedes desde hace mucho.

Me he pronunciado a menudo sobre la cuestión de la reina de las ciencias, y no, no des para mí la pedagogía (que no merece tal nombre). Ni tampoco la teología, que tampoco lo merece. Es evidente que para los marxistas tal título corresponde ¡al marxismo! En mi opinión, y estoy en la mayoría, es la físico-matemática. Respecto a ésta yo me inclino por la cuántica. Se constituye ésta a partir de cinco postulados:

1.Estado de un sistema: vector de estado…

2.Obvservables y operadores: operadores hermíticos…

3. Mediciones y autovalores de operadores.

4.Resultado probabilístico de las mediciones.

5.Evolución temporal de un sistema: ecuación de Schrödinger.

De todos es bien conocido el enorme éxito predictivo de la física cuántica: nunca visto antes. ¿Cuál es el del sistema engelsiano, con sus tres premisas?, ¡inexistente! Este contraste entre los dos, que en absoluto son los sistemas máximos del mundo (¡ya lo quisieran los comunistas!), es el a mi entender el más clamoroso, ¡y sangrante!, para uno de ellos (¡adivinan cuál?).     

En fin, ya adivinan lo que voy a preguntar(me), muy capciosamente; comparados con la efectividad de los postulados que acabamos de listar, ¿qué número de predicciones, confirmadas, se han derivado de aquéllos propuestos por Engels? Pues se lo voy a decir a Vds., ¡ninguna! Impresionante fraseología (metafísica, gnoseológica, histórica, poética), eso se lo concedemos.  Y si somos benévolos epistemológicamente, y ha habido los vaticinios, éstos han resultado todos errados; la Historia ha dictado sentencia, condenatoria.   

Remachando mi posición (intelectual, no física) me viene a la mente la famosa anécdota que le gustaba contar a Popper (y a muchos otros repetir), y así… Las múltiples oposiciones registradas en el universo, que generan unión & dinamismo, confirman la certeza de los tres principios “comunistas”; pero aquéllas son caracterizadas como tales contrarios “creativos” precisamente a partir de la doctrina de No-Seráfico. Así que vaguedad, no-falsabilidad, y círculo (argumentativo)…, desde mi modesta (pero firme) colocación epistemológica.

Bueno, en fin, recordando viejos tiempos y lecturas, ya que estamos…, vamos a lo impagable de G. W. F. respecto a la electricidad. Para ese recordatorio no me he complicado la vida en absoluto: he acudido a Internet, para recuperar las citas más típicas y tópicas

La electricidad no es un flujo de partículas, sino la tensión de la diferencia que surge cuando un cuerpo se mantiene en relación consigo mismo mientras su unidad interna se rompe.

Es el fenómeno por el cual la materia se divide en dos polos opuestos (positivo y negativo) que buscan constantemente recuperar su unidad perdida.

Es la manifestación de la "negatividad" de la materia; un estado de excitación donde el cuerpo deja de ser indiferente y entra en una lucha interna de fuerzas.

A diferencia del magnetismo (que es una propiedad interna y estable), la electricidad es más bien algo superficial y transitorio que se desprende de la forma del cuerpo antes de resolverse en un proceso químico.

No es un fluido o una partícula, sino un proceso físico de tensión y resolución.

Es el momento en que un cuerpo físico intenta afirmar su individualidad frente a otros, rompiendo su equilibrio neutro.

Se manifiesta como la "escisión" de la unidad en dos opuestos (positivo y negativo) que tienden a buscarse para anularse y retornar a la unidad.

Un paso hacia la "idealidad" de la materia. Es un fenómeno donde la materia deja de ser simplemente "pesada" o inerte para volverse dinámica y relacional, sirviendo de puente hacia los procesos químicos y, eventualmente, la vida orgánica.

La auto-preservación del cuerpo en su relación con otro, donde la diferencia física se manifiesta como una contradicción que busca resolverse.

Es la furia o efervescencia de un cuerpo, representando un estado de la materia más que un nuevo tipo de materia. Una fuerza que escapa momentáneamente de un material, un yo furioso que se manifiesta cuando un cuerpo es excitado.

Y así, suma y sigue, continúa el pensador que vio “La Razón a caballo” en Jena. Pues francamente, comparado con Volta, Faraday, Maxwell, Edison, Tesla et alii, estimo que incluso poniéndolo todo boca arriba (de Geist a Materia, de Hegel a Marx), ¡no progresamos ni un milímetro en el conocimiento del cosmos!, ni el de chispas ni ningún otro.

Toda esa fraseología hegeliana es radicalmente diferente (¿negación de la negación?) de: espacios de Hilbert, transformaciones de Fourier, producto tensorial, hamiltoniano, laplaciano, superposición/decoherencia/entrelazamiento cuánticos, eigenstates, reducción del vector de estado, orbitales atómicos y demás. Con ellos ha crecido de verdad nuestro saber acerca de la Materia, que quizás no sea exactamente tal…, y no con vapor-agua-hielo o semilla-flor-semilla. O que el movimiento mecánico se explica porque un cuerpo está, en el mismo momento, en un lugar y en otro…, ¡rayos y centellas! Newton se habría quedado (convidado) de piedra, ¡y no se habría movido ni un milímetro!

 Y no, las fuentes de ello, de la ciencia (¡de verdad!) experimental moderna no son: no conoceríamos la justicia si no existiera la injusticia, en el círculo el principio y el fin son lo mismo, la cuesta arriba y la cuesta abajo son una misma y única (¡toma ya!). De aquí sí que puedes extraer la Dialéctica, en ambas posiciones (cabeza arriba y cabeza abajo), pero no el conocimiento profundo que atesora la física de partículas. Y sí, seguimos sin estar seguros de que éstas sean Lo Último; y sí, la Realidad puede ser información. O puede que existan muchos mundos…, en uno Marx es un sionista del tipo religioso y nacionalista a tope; en otro Engels es hitleriano; en el de más allá Lenin es un aristócrata zarista; en el de más acá Trotski es el jefe del Mossad; en otra alternativa Stalin es paladín de la Restauración borbónica en España etc.

¿Quién sabe qué teoría física se impondrá? Bueno sí, lo saben lo creadores de dogmas dialécticos y detentadores de la verdad, desde El Manifiesto Comunista.

Datos empíricos, constructos matemáticos, contrastaciones…, ni más ni menos ni menos ni más. ¡Y dale que te pego, vuelta la burra al trigo!, hasta que acertemos; y nada de confiar en dogmas, zahoríes o iluminados; a menos que estos últimos procedan, de verdad, de Las Luces. La transformación embrión-planta-nuevo embrión está causada (¡simplemente!) por el mismo fundamento dialéctico que “it from bit” …, ¡venga ya!, ¡pero dónde vamos! Trabazón de los antagónicos, transmutación cualitativa, negación de la tesis: evocador, inspirador, intuitivo y todo lo que Vds. quieran, pero nulo para desarrollar vacunas contra covid-19 (o cualquier otra enfermedad, o proyecto de indagación) a través de un intenso trabajo de laboratorio. En fin, no demos más vueltas a la noria, porque considero que es patente a dónde quiero arribar (¿o ya he anclado?): no es conocimiento científico.

En El Hombre que amaba a los Perros un abatido Trotski, destrozado política y anímicamente por la brutalidad estalinista, llega a afirmar que la utopía (proletaria) sigue siendo posible, ¡incluso si hay que refundar la ciencia y la historia! ¡Por amor de dios!, perdón ¡de Marx! El buen Lev sigue creyendo (¿religiosamente?) tan hondamente en la revolución obrera, que si la sapiencia actual asegura que no es factible, ¡cambiamos ésta! ¡Esto sí que es ir lejos!, hasta los confines de…

En fin, se trata de una novela, pero la utilizo para mi argumentación porque me viene como anillo al dedo, y porque gozo de libertad de expresión para ello…

Entonces, estimado León (no de la Metro), con tal de alcanzar un mundo auténticamente marxista estarías preparado para que en él: el hierro flota y la madera se hunde, g = 4,8 m/sg2, no existe la gravedad, tampoco la electricidad, no hay cuatro fuerzas fundamentales sino siete, no existen los orbitales atómicos, Lysenko acierta y Vavilov yerra, el oxígeno no interviene en la combustión, los polos opuestos se repelen, no existe la fotosíntesis, ¿quizás predomina antimateria?, etc. Pues me temo que no, mi querido marxista-leninista (y añorante de su pureza), ¡no podemos transformar la naturaleza!, de manera que los cuerpos en movimiento (sin fricción) tiendan a detenerse, al cesar la causa motriz. ¡El universo es lo que es!, y los deseos & hipótesis de los humanos no tienen poder para cambiarlo; ni siquiera los principios (dogmas, no verificados) del materialismo histórico & dialéctico. Porque a pesar de su desencanto (en la novela) Trostki continúa apoyándose en los postulados de éstos, que no han sido verificados, ni generan predicciones (¨teoremas¨) que lo sean. Así que mi buen bolchevique, tus ansias liberadoras no transformarán la físico-matemática, y tampoco lo harán las leyes de tu Dialéctica.

Masculino – femenino: opuestos, lucha de contarios; pero de ésta se origina la unidad, que es la reproducción (biológica). He aquí una muestra más de la ciencia genuina; pues yo les planteo de nuevo que escojan: puerilidades, dogmas, o palabrería. Aunque me mantengo en lo segundo, aquí casi me voy a lo tercero, i. e. vaguedades, generalidades, lo típico de abarcar tanto significado que vacías éste.

Por cierto, ignoro qué dictaminará el feminismo radical en torno a una contienda entre antagónicos (por género), que finaliza en fusión, a causa de la mutua dependencia. Lo que es a mí, a pesar de la fuente 100% izquierdista, me huele a políticamente incorrecto, debido a su aroma darwinista/biológico: ¿hablamos de necesidad?

Ciencia es la teoría sintética de la evolución, con su cuantificación y corroboración observacional; la genética, con sus ecuaciones y teoría de la probabilidad. Pero lo de espermatozoide – tesis; óvulo – antítesis; cigoto – síntesis…, francamente juzgo (y condeno) que no; tendrá valor artístico, expositivo, inspirador, hasta lírico, todo lo que quieran Vds. (marxistas) pero saber empírico moderno, ¡no!

Los persas derrotaron a Alejandro Magno, Aníbal derrotó a los romanos, Julio César murió tranquilamente en su cama, Cleopatra no existió, los musulmanes vencieron en Poitiers, Colón no descubrió América (¿pues quién fue?), César Borgia fue un santo varón, la reforma luterana jamás tuvo lugar, Napoleón triunfó en Waterloo, un científico chino enunció las leyes de Newton (que no se denominan así), la revolución bolchevique fue aplastada por las tropas zaristas…, ¡pero qué me cuentas Trotski! No se puede variar lo que ha sido, ni lo que es (leyes naturales).

Es muy temerario aseverar que el saber fidedigno consiste en unos primeros principios engelsianos, cuyas derivaciones (deductivas) económicas/políticas/sociales han sido refutadas por la Historia: caída de la URSS…

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