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EL CAUTIVO, CERVANTES, AMENÁBAR

  • hace 6 días
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Actualizado: hace 5 días

EL CAUTIVO, CERVANTES, AMENÁBAR

Con la última de Amenábar he seguido mi hábito de no leer las críticas antes de verla, y previamente a redactar estas líneas que siguen. Pero inevitablemente me tropecé en La Red con algunos comentarios, reseñas; en alguno se “acusaba” a D. Alejandro de haber fabricado una producción AMDG, no para los jesuitas, sino para sus propias ensoñaciones homoeróticas. ¡Pues bien empezamos, con la bronca por delante! Así que irremediablemente mi encuentro con su largometraje ha carecido de tabula rasa, e igualmente de ignorancia completa del espectador (el abajo firmante), aunque confío en que imparcial, como se exige en ética (y no sólo en ese campo). Por contra he de admitir que soy admirador de Amenábar desde Tesis, y lo considero con diferencia el mejor que tenemos en Celtiberia.

Desde luego que hay en El Cautivo importantes aspectos (momentos, escenas) de homosexualidad; todo ello encajado en una visión de Argel como otra Sodoma (sí, no poco se alude a sodomía). Aquélla es presentada como la ciudad de la libertad sexual sin fronteras (ni etnias, culturas, colores, edades, clases sociales); a diferencia de las cristianas un lugar de promiscuidad, sensualidad pura, el Jardín de Epicuro: vamos que La Blanca es una metrópolis en la cual se puede disfrutar de una c… vida de vicio. ¿Es esta perspectiva otro ensueño de nuestro realizador? Calma, y dejemos a éste tranquilo, yendo a la obra, que es lo que cuenta. Esta última ha cosechado, por lo que he visto, algunas reacciones muy ásperas, y mi sospecha es que ha influido no mínimamente (aquí tiro probablemente de subconsciente) el que D. Miguel sea un marica, así lo llama el cura Blanco de Paz. Por cierto, no sabía que éste es un personaje rigurosamente histórico, al igual que De Sosa o Hasán Bajá; en fin, que me toca informarme bien, y sospecho que a Vds. les ocurre lo mismo. Ello lo habrá hecho nuestro cineasta a buen seguro, porque le considero un gran profesional…, con lo cual lo de “visión utópica” sobre esa localidad (entonces) otomana se difumina, esto es, posiblemente era auténticamente un sueño (no apolíneo-nietzscheano en este caso) espléndidamente dionisíaco.

 

-Fiscal: En El Cautivo este director se solaza elaborando (alquimista fílmico) y “vendiéndonos” una obra que sólo manifiesta las inclinaciones específicas de su libido personal. No hay objetividad, histórica o literaria, y por consiguiente no hay arte.

-Defensor: ¡No tan deprisa compañero!, ¡que es muy fácil criticar! ¿Qué hay subjetividad aquí?, pudiera ser, pero ello no impide el Arte. Acudo a lo de siempre: D. Alfredo y las rubias hermosas y gélidas, que acaban descongelándose a lo largo de la proyección; Rubens y sus cuadros sobre féminas de buen ver y mucho agarrar(se); Ford y sus entusiasmos por la caballería de los chaquetas azules; Buñuel y sus fijaciones sexuales + inconscientes… En fin, sigan Vds., señoras y señores del jurado. El asunto es que la obra se ejecute bien, estéticamente: ello es lo que se debe juzgar.

-Fiscal: Pero si esa marcada parcialidad te distancia de la Verdad, ¡no hay Arte!

-Defensor: Éste no es mimesis. La verdad no se identifica con la creatividad.

-Fiscal: Sin verdad no hay tal.

-Defensor: Puede que no sean idénticos, pero que uno subsuma a la otra; ¡hum!, que los artistas lo decidan.

-Fiscal: Es claro que tener inclinación sexual hacia el mismo sexo no es pecado, ¡perdón, inmoral! Pero es que en nuestro producto D. Miguel (insisto, ni el bilbaíno, ni el ciclista) aparece como farsante, mentiroso compulsivo, manipulador, débil de voluntad (por no decir algo peor, pésimo en realidad), chaquetero etc. ¡Menuda pieza, el príncipe de las letras castellanas!

-Defensor: Me aferro una vez más a lo de siempre, i. e. que el talento para escribir (esculpir, pintar, danzar, componer…) no se encuentra necesariamente correlacionado con la vida virtuosa, éticamente irreprochable. Me he puesto a pensar en algunos individuos artistas, ¡y he preferido dejarlo!; continúen Vds., miembros del jurado, con tan poco grato cometido.

-Fiscal: Si no a todas luces, al menos a media luz el artista madrileño-chileno ha pecado de oportunismo para el argumento. Porque estamos en plena efervescencia dentro de la izquierda, brahmán especialmente, de corrientes LGTB, feminismo extremo, Desperté, identidades; de modo que un Manco de Lepanto con deseos hacia los hombres encaja como un guante con lo políticamente correcto.

-Defensor: Un momento, y dos y tres, ¿desde cuándo el arte está apartado de lo consuetudinario, lo coetáneamente admitido, las modas? ¡Si no pocas veces crea esta últimas!  Además en otros tiempos, colectividades y regímenes, ¡tal largometraje no habría podido rodarse! Así que hay que aprovechar la no-censura, el momento favorable.

 

Retornemos a la cinta, ¡que es lo primordial! En mi humilde (pero estable) parecer El Cautivo incluye otros grandes temas, aparte de transitar por la acera menos habitual en los Sapientes. Encontramos desde luego el enfrentamiento entre religiones, donde la Huna es estoica, austera, coercitiva, y la Hotra es hedonista, permisiva (a pesar del no-alcohol), sexualmente abierta…, ¿otra visión utópica del Islam/Argel? No olvidemos que nuestro autor ya se las tuvo tiesas con (contra) el cristianismo en el Ágora de la antigua Alejandría. Bien, la película desarrolla este elemento, en escritura y visualmente, con mucha solvencia, ¡con mucho arte!

Hablando de todo un poco, mucho de nada y del diablo a quien acabamos de pisar el rabo…, en su trabajo en torno a Hipatia nuestro hombre estiró al límite el privilegio de los artistas de ser subjetivos, creativos, ¡hasta la hybris! Porque señoras y señores, la matemática alejandrina se convierte por obra, gracia e imaginación del madrileño en: -precursora de Kepler (órbitas elípticas) -adelantada a Galileo (principio de relatividad del movimiento). ¡Toma ya!, ¡nada más y nada menos!, la buena griega es además una física consumada, del nivel de Arquímedes; si la hubieran hecho caso, y si los cristianos no hubieran sido tan bestias, ¡la ciencia experimental moderna habría surgido en su ciudad! Sobre este punto tengo un antiguo y muy personal interés, i. e. las causas que generaron nuestro saber moderno; desde luego no me convence nada que Hipatia tuviera barruntos de las correctas revoluciones de los cuerpos celestes, ni de la invarianza galileana. Pero mi reacción (y estoy convencido que de la mayoría) no fue agresiva contra Amenábar, recordándole la Historia ¡y que no la modifique a su gusto!; al contrario, agradecí que fuera ingenioso (como D. Miguel y D. Quijote) para proporcionarle un giro, una vuelta de tuerca, ¡o una diferente! ¿Por qué no?, es sugerente, hace reflexionar, ¡es entretenido incluso!

Con nuestro máximo novelista ha ejercitado de igual modo esa atribución de conjeturar, de atreverse con versiones dispares (¿puramente imaginadas?); pero ya he percibido chispas en la audiencia. Y si ahondo más me temo que me encontraré un gran incendio. Claro, ¡no es lo mismo!, ¡aquí se ha atrevido a “calumniar” a nuestro escritor nacional!, y ello ha escocido. Confío en que sea ante todo debido a presentarlo como un sinvergüenza, y no por ser de la otra acera, ¡hum!; pero es que en el guión ambos rasgos se entrelazan. En fin, yo a mi tesis: un largometraje no es teatro filmado, ni su sustancia es transmitir mensajes sociopolíticos & pensamiento correcto; por otra parte soy consciente de que me encuentro bastante solo en este punto de vista.

En su obra anterior D. Miguel (el bilbaíno) coquetea un poco con los franquistas, suponemos que por todo aquello del sentimiento trágico, su atormentada fe católica, la angustia escandinava, la civilización cristiano-occidental etc. Tampoco aquí da la impresión que los celtíberos hayan visto abrirse heridas en su piel por ello; sin embargo es verdad que al final (¡feliz del todo!) Unamuno descubre la brutalidad de los nacionales, y se enfrenta a ellos.

En El Cautivo la respuesta de espectadores y críticos no parece tan mesurada, ¡aquí hay algo más! Con el sexo hemos topado amigo Sancho. Pero no me bajo de mi burro: que ello no es el núcleo de este largometraje.

Igualmente por ahí ronda algo sustancial para la moral, como es la lealtad: a tu creencia, nación, cultura, grupo de prisioneros, ¡a tu mismo nombre! (Abderramán por Alonso). En ello el protagonista renquea, además de “manquear”, y no poco; y frente a ello el argumento ¡le endereza al final! Bueno, quizás se busca otra conclusión dichosa, como la del Paraninfo de Salamanca: ese plano final del molino girando; ¡pero no!, vaticino que en la perspectiva de no pequeña parte del Pueblo Amenábar se ha pasado un excesivo número de ellos.

Por supuesto ahí deambula el engaño y la manipulación, recursos frecuentes de nuestro “héroe”…, poco merecedor de ese título, que llevaron con honor Coop y Duke entre otros. Y sí también hay capítulo para la redención. En una misma línea está la ausencia de coraje, que explica, ¡ay!, no pocas caídas desde el edificio de la ética, en bastantes personajes.

Por los prisioneros y la urbe ronda también la apostasía. Cristianos que reniegan y se convierten al Islam, que pasan de Jesús de Nazaret a Mahoma, por pura conveniencia, ¿o epicureísmo?, y ahí están Dorador y el propio bajá. Éste tienta (cual Satanás en el desierto) a nuestro protagonista: todos los bienes de este mundo si me adoras/aceptas ser musulmán. Es la gran incitación (más que la sexual), que debe resistir D. Miguel, esto es, de miserable recluso, a todopoderoso & hedonista gobernador musulmán; ¡aquí sí acaba resultando hazañoso! Pregunta…, ¿durante toda la relación está el castellano manipulando, eróticamente (como hizo con su antiguo profesor), al veneciano, con la meta exclusiva de la libertad? Quizás es otra vuelta a su conducta a su conducta maniobrera, con su profesor López de Hoyos, ¿quién sabe? Si el fallo del jurado es condenatorio nuestro gran novelista ha faltado a la moral de modo absoluto, puesto que usa a la persona humana como medio y no como fin; ¡esto sí que es grave!, y no la sodomía. Otro subtema (y se rastrean más) para cine fórum.

Se habrán apercibido que todo este ideario democriteano conlleva ateísmo, y por ello el bajá dictamina que en la vida sólo hay pequeños placeres, ¡no transcendencia y espiritualidad! No se puede negar que hay meollo en los guiones de D. Alejandro, pero esto lo aparco porque nos conduce allende este escrito: a un aula de metafísica, filosofía moral, o teología; De Rerum Natura de Lucrecio, y nada de Geist.

¡Tachán!, ¡retumbar de timbales!, la madre de todas las cuestiones en nuestro largometraje es…, la capacidad de contar historias. Ésta tiene como mejor manifestación la novela, cuyo paradigma es El Quijote; es juzgada como la mejor de todas ellas, y plausiblemente quizás habría que caracterizarla como la primera (sensu stricto) de todas ellas: el relato (vocablo/concepto nuclear en todo esto) sobre El Manchego Universal es paradigma de este género literario. Contar una historia, necesidad perentoria de los cautivos argelinos/cervantinos, para evadirse del hambre/reclusión/vida mísera/opresión, para transportarse fuera de las murallas, ¡para soñar! (aquí sí, rotundamente).

Exigencia de los humanos, desde tiempos prehistóricos, a la luz de las fogatas; quizás tan connatural a nosotros como la facultad lingüística, o la sociabilidad, ¡a las cuales está fuertemente vinculada (linked dirían los cool, fashion e in)! Queremos, deseamos, anhelamos que nos narren cuentos, para romper la rutina, para escapar a otros mundos, para ejercitar nuestra imaginación, ¡para entretenernos simplemente! La existencia cotidiana quizás sea llevadera & aceptable, pero ¡es insuficiente!, y debemos completarla ¡con el arte! Coloquio muy usual/conocido, y en el lego legal re-recurrente…

Según mi modesto (pero firme) criterio es en esta categoría donde D. Alejandro acierta del todo en el argumento: D. Miguel es el contador de historias. Con esa facultad, desarrollada al máximo en él, logra divertir a sus compañeros de penalidades, el favor del bajá, e incluso salvar el pellejo: su historia es mejor que la de Dorador, y éste es empalado y no él. Esta escena implica un potentísimo mensaje: quien mejor relata persevera en la existencia, ¿darwinismo?, ¡cielo santo!

Es tópico el paralelismo: Cervantes – Scherezade, bajá Hasán – sultán Shahriar, pero no por ello menos efectivo. Mientras el cautivo deleite al captor, conservará sus prerrogativas, e incluso su cabeza no se escindirá de sus hombros.

El prisionero divertirá, se le otorgará cierto grado de libertad, sobrevivirá, y finalmente compondrá la más grande de las narraciones. Quizás el precio que pagar haya sido la conducta poco ajustada a las reglas de la ética, ¡glub!; puede que mintiera impúdicamente, ¡más glub!, que fuera desleal con los otros cautivos, ¡otro glub!, poco fiel al catolicismo, ¡me hundo como Arquímedes!

 

En fin, el profano profesional va a otra de sus re-recurrencias. El lenguaje fílmico: tipos de planos, encuadres pictóricos, ubicación e inclinación de la cámara, fotografía & combinación de los colores, empleo expresivo del músico, ¡ah sí, intérpretes!; y ante todo lo de siempre: planos secuencia con movimiento y montaje complejo. ¿Cómo queda Amenábar tras este examen?, pues estimo que bastante bien.

Los decorados y ambientación de primera, y claro, hay que “enmarcarlos” bien para que brillen en la pantalla. Voy a darle un sobresaliente al conjunto de actores, recalcando como no podía ser menos al otro Alessandro, que no es macedonio pero es Magno en su labor; otra vez, ¡qué buenos los hay en Celtiberia! Esta excelencia implica por supuesto dirección de actores, y selección de éstos: no pequeño mérito del realizador. Estoy convencido que hasta los mayores detractores de El Cautivo, admirarán a tantos y tan buenos profesionales del fingir ser otros, bien “conducidos”.

Nuestro artista desplaza frecuentemente la cámara, siguiendo la acción, con elegancia y sin precipitación, aunque no lega a rodar así una secuencia entera. Ello sirve estupendamente a la narración (¡ahí estamos de nuevo!); poniéndome en plan clásico aludiría a la cámara fluida de Otto Preminger. El Cautivo comienza con tal técnica, y en diez minutos ha contado tanto, que el espectador puede creerse que en otros veinte minutos aquello va a concluir; ¡pero no!, restan aún dos horas de relato, en las que no te vas a aburrir en absoluto, al igual que los penados o el apresador. Todo ello es valía de Amenábar, y de Cervantes.

Voy a elogiar asimismo el montaje, sobre todo al principio, porque logra un gran ritmo por medio de cambio rápido de plano; aquí me viene a la mente el otro polifemo irlandés de Bosque de Acebos clásico. Cierto que Amenábar no alcanza esa aceleración, marca de la casa, que produce un tempo casi frenético cuando se persiguen unos a otros en la selva o el bosque; pero nuestro compatriota no se desenvuelve mal. En otros momentos es un cortar/empalmar más pausado, pero al final hay casi un suspense tipo D. Alfredo: ¿qué va a pasar?, ¿qué va a decidir? Con todo, no exageremos en nuestras alabanzas & comparaciones.

Valoro a Sergei Eisenstein y Leni Riefenstahl como grandes artistas (y Vds. lo mismo), pero estoy en las antípodas de su ideario político, como demócrata ilustrado racionalista. Del mismo modo puedo disentir completamente de la visión/vivencia que posee Amenábar sobre la sexualidad/libido, y al mismo tiempo aseverar que El Cautivo es una pieza de arte (el séptimo): así de simple (¿Ockham?); es casi como el criterio de demarcación (Popper). 

Por cierto, nuestro autor emplea un recurso sencillísimo para que el espectador se percate de que lo que ve en la pantalla es resultado de la inventiva del Cautivo: éste ha perdido la manquedad. Sí, elemental (de nuevo), pero efectivo ¡y visual!

Porque, vamos a ver…, el Cautivo puede ser buenísimo inventándose historias, con su ingente imaginación; pero eso no lo es todo. Hay que saber cómo enhebrarlas, cómo conseguir que aparte del puro contenido aquello atrape a los oyentes & lectores, incluso les haga reír, como al propio bajá (escena significativa en El Cautivo); otra vez lo archiconocido…, el rey Felipe III al oír a un estudiante reírse con estruendosas carcajadas: O está fuera de sí, o está leyendo El Quijote. Del aforo cómico de este último doy fe, en mis carnes y risas, por experiencia (repetida recientemente) propia. Así pues además de contador, hay que ser escritor, empleando con maestría metáfora, hipérbaton, hipérbole, símil, aliteración, paralelismo, ironía, onomatopeya etecé etecé. Igualmente nuestro director ha de ser artista para emplear con destreza: plano general/primero/medio/americano/panorámico/holandés/cenital/contrapicado, montaje en paralelo/acelerado, toma con desplazamiento de cámara, planos secuencia etecé etecé.

Don Guillermo es el gran autor dramático, el portento de monólogos y declaraciones de profunda verdad y belleza, maestro absoluto de la lengua en sus muchísimas complejidades y casi ilimitadas posibilidades expresivas: declamaciones por Romeo, Hamlet, Marco Antonio, Macbeth, Shylock, Enrique V (mi favorito… San Crispín) et alii. Pero nuestro D. Miguel es el rey del discurso que discurre naturalmente como el río, de relatar. Otra referencia habitual…, James Clavell (¡cuánto disfruté con sus libros, en especial con Shogun!) declarando que él no es un novelista sino un contador de historias, que no es una figura literaria; por ello Ken Follett (otro gran entretenedor) no puede ganar el Nobel y De Prada sí. D. Miguel lo habría recibido sin duda (¡lástima e injusticia con el bilbaíno!), porque él sí es un literato, un escritor con todas las de la ley…, por añadidura a relator. Y sí, con su actual maestría en la técnica/forma, D. Alejandro también puede ganar un Oscar u otros premios similares.

Con talento y oficio se consigue la fluidez narrativa, en la novela, o en la película: En un lugar de la mancha de cuyo nombre no quiero acordarme - ¡Rosebud! Si, todo ello muy típico, comentado y remachado; así se sencillo, ¡y de arduo!, como es el Arte. Lugares en La Mancha, Sitios en Hollywood.

 

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