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HAMNET/HAMLET

  • hace 3 días
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Actualizado: hace 1 día

HAMNET/HAMLET

Hemos tenido (disfrutado) en nuestras salas de cine, casi seguidas, El Cautivo y Hamnet, sobre D. Miguel y D. Guillermo. La coincidencia me incita a realizar con la segunda el mismo tipo de faena (no taurina, sino reseñadora) que con la primera: redactar un texto con muy pocas lecturas de artículos y de documentación en general. Una vez más, se pretende la imparcialidad del espectador, en este caso escribidor, para alejarse (por el momento) de todas las polémicas (aquí la de Amenábar ante todo).

Si aseveraba en mi texto anterior que el alcalaíno es ante todo y sobre todo el Narrador, El Bardo del Avon es el Dramaturgo; no, no son géneros literarios parejos, lo cual permite que cada uno reine sin igual en su feudo.

Nuestro novelista es descrito (dejemos a un lado lo de la homosexualidad) en El Cautivo como un fenomenal constructor de historias, para entretener a los otros prisioneros, ¡y para salvar el pellejo! Por contra, las circunstancias no son tan extremas con Shakespeare, puesto que compone piezas teatrales para ganarse la vida; ésta no peligra como la del Otro, en Berbería.

De acuerdo, en la cinta se sobreentiende que ello le gusta, que existe cierta vocación, aparte de ser quien gana el pan en su familia. Pero sí, en principio se trataría esencialmente sólo de una profesión. Ciertamente no una situación desesperada, existencial, de vida o muerte, como en Argel.  Así pues tenemos que preguntarnos de dónde surge tanta tragedia: Romeo y Julieta, Macbeth, Otelo, El Rey Lear, ¡y Hamlet claro!

Aquí intervienen Chloè y Maggie, explicando que Will sí sufrió una enorme pérdida: la muerte de su único hijo varón Hamnet. Ello sería fuente de directa de inspiración/conmoción para su mayor logro; incluso se podría colegir que esa fatalidad le sensibilizó para escribir tan hondas, inmortales, piezas.

El planteamiento que ofrece nuestro producto tiene gancho, y desde luego no deja indiferente a los de la sala de cine. No es un largometraje de gran calidad técnica, y en ello El Cautivo lo supera, con esa cámara de hábil desplazamiento, y esos estéticos encuadres. Puede parecer inverosímil que una producción celtíbera tenga mejor acabado/calidad en las imágenes que otra de Hollywood (Spielberg es coproductor), pero es tal cual. Incluso el guión del español es más elaborado, complejo, con más giros y vueltas, imprevistos.  ¡Ah!, pero en el territorio del stratfordiano el objetivo es el pálpito dramático.

Hamnet tiene una trama relativamente sencilla, unidireccional; pero consigue emocionarnos (al menos a muchos de nosotros). Mescal está correcto, adecuado, pero Jessie está monumental; ella es gran parte del largometraje, lo cual empequeñece más a su compañero. Por cierto, ambos son irlandeses, no ingleses, ¡John Ford estaría satisfecho! Los secundarios están muy aceptables; hay que destacar la elección del niño que interpreta a Hamnet, que exuda pura bondad y trazos angelicales. Su muerte es por ello más sobrecogedora; y la reacción ante ella de nuestra actriz es de muchos quilates: te acongoja con su interpretación, ¡que no parece tal! Uno de las (dos) grandes secuencias que hay, de hecho la cámara magmática para el volcán de frenesí: como en una tragedia griega.

El gran amor entre los mellizos, Judith y Hamnet, que arrastra a éste a sacrificarse por ella está muy bien manifestado, con frases ¡y planos! Lo de engañar a la muerte, por el parecido físico, podría recordar un serial radiofónico, ¡pero no!; por la habilidad de Zhao y O’Farrell con los diálogos, y la primera en la dirección de los actores. En fin, unas escenas potentes emocionalmente, intentando seguir la estela de otras, las de El cisne del Avon: La Tragedia de Hamnet, Príncipe de Stratford.

Se supone que ese trauma es lo que da energía y visión al inglés para escribir su gran obra. Es una idea que funciona muy bien, con Agnes (¿Anne?) entregada del todo ante el talento (que no conocía bien) de su cónyuge, al igual que todos los espectadores de El Globo. Ése es el otro gran momento (volcán de arrebatos) de la película, muy bien gestionado por la directora, con ese público apabullado, roto y conmovido ante el desgarro del príncipe danés; esto en paralelo con el de nuestra protagonista. En fin, todo muy bien trabado.

Se me ha quedado bien prendido en la mente desde que lo leí que El Vate se reservaba el papel del espectro del padre de Hamlet. Pues bien, de nuevo diana; ello es lo que patentiza ante su esposa (y todos nosotros) que él sí sufrió muchísimo, que hay incluso remordimiento por no haber estado allí. Para mí esta su elección de personaje en la tragedia es el núcleo del asunto (casi tesis), que tira del hilo de la historia y del tormento del escritor: Ser o no ser; casi angustia existencial, danesa (Kierkegaard).

En fin, es lástima que tanta habilidad escrituraria no se complementa con otra pictórica & estricta técnica cinematográfica. He descubierto que Hamnet se representa en los teatros, y estoy seguro de que funciona estupendamente. Algún crítico negativo afirmaría que es sólo eso, una pieza filmada; pero no, es bastante más. Para empezar recordar que en los escenarios no hay primer plano, y aquí no sólo tenemos bustos parlantes. A pesar de todo no puedo darle nota de excelente ya que opino que el cine es: Un medio visual, con uso expresivo del sonido, donde los diálogos ocupan un lugar secundario o terciario (Denis Villeneuve). Efectivamente, yo mismo soy seguidor de la perspectiva Gregg Toland respecto al séptimo arte.

Aquí quiero emplear un poco de agua fría, ante tanta sensación fuerte, por parte de la madre doliente, y de todos nosotros, en la audiencia. Por mi lado juzgo Hamnet mucho más próxima a una obra de Shakespeare que a un culebrón (aunque sensibilidades y gustos varían de unos a otros sin duda); en esto respecto no sólo la apruebo, sino que aquí sí le doy muy buena calificación.

Si miramos los escenarios/localizaciones/épocas de las piezas del británico, encontramos una lista enorme: Dinamarca, Verona, Venecia, Sicilia, Florencia, las antiguas Alejandría, Tebas, Tarso, Antioquía, Éfeso, Atenas, Roma; Escocia & Francia medievales, muchos lugares en Inglaterra, Bohemia (¡con costa!), Navarra, Viena…

En fin, ¡vaya imaginación la de D. Guillermo!; ¡y creatividad!, porque es el mayor literato de la Historia (con permiso de El Príncipe de los Ingenios). Eso es que lo que poseía este autor, que no necesitó viajar a todos esos lugares, ni poseer conocimientos enciclopédicos de psicología e Historia para “recrear” todas esas ciudades & personajes. En gran medida son resultado de su facultad de inventar, i. e. de su talento para fabular.

No es preciso haber tenido una vida plena de viajes y aventuras para ser un gran escritor, y ejemplos hay; la cantidad de experiencias, peripecias, riesgos, tensiones, aflicciones, desgarros psicológicos o disfrutes mayestáticos… no es proporcional a la capacidad para redactar, ¡ni siquiera la garantiza!

Un novelista, poeta o autor de teatro debe poseer ante todo intuición, inventiva, ¡magín!, aunque su existencia cotidiana sea anodina. Y primordialmente debe dominar la lengua, tener esa chispa especial para conseguir las mejores combinaciones de sustantivos, adjetivos, pronombres, verbos, adverbios, preposiciones…, que consigan elevar los espíritus de quienes los leen.

¿Necesitó Will sufrir la tremenda desgracia de la pérdida de Hamnet para transmutarse en el Vate del Avon? Mi apuesta es que no, porque la causa de su éxito fue su pericia, sin paralelo, con el lenguaje.

Después de tanto H2O gélido…, ese buen “oficio” con las palabras puede generar a veces sólo frialdad expositiva, algo como indiferencia. En esos impecables (lingüísticamente) recitados de nuestro trágico (que tanto nos gusta declamar) hay también mucha pasión; no encontramos sólo malabarismo con los términos ingleses.

Ella es sólo Agnes (nunca se la denomina Anne Hathaway), y el nombre de él sólo se pronuncia al casi al final: Buscamos a William Shakespeare. Somos su familia de Stratford. ¡Por fin lo han dicho!; estuve esperando toda la proyección a que lo hicieran. De no ser porque al principio recita el texto de Romeo ante el balcón de Julieta, hasta uno podría dudar de que se trata de Él; bueno, y su dedicación al teatro desde luego lo descubre.  Otro acierto en la redacción, y lo de: ¿Cómo el hombre con la casa más grande de Stratford vive en esta buhardilla! Igualmente lo es (y de la directora) el público de El Globo, situado muy cerca del escenario, vibrando, consolando a Hamlet (el actor, no Hamnet), y derrumbándose psíquicamente ante su muerte.

Yo diría que la película (guión) pretende ser fiel al espíritu, a las tragedias, de El Bardo. Pero sigo en mis trece de que lo que hizo a Éste no fueron las congojas & calamidades, sino las aptitudes en el manejo del habla de la Antigua Albión. Al comienzo se describe a nuestro hombre como preceptor de latín, ¿hay datos observacionales que lo confirmen?; no importa, es muy buen idea/caracterización. Ello revela al Escritor.

“Buscamos a William Shakespeare”; ¡Ecce Homo! Helo aquí, para todo El Globo (teatro), para todo el orbe: el gran teatro del mundo, el magnífico arte de escribir. Maese William, Maese Miguel…

 
 

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