LA ODISEA O LA LOQUESEA
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Actualizado: hace 15 horas
LA ODISEA O LA LOQUESEA
Nada más terminar de ver La Odisea de C. Nolan comenté que tenía dos problemas (quejas) respecto a ella; tomando nota del casi universal halago que está recogiendo por parte de la crítica (y de los espectadores) no me decidí a escribir sobre ello, para no ser tachado de nuevo (con razón) de lego legal/profano profesional. Pero el duro artículo de Arístides Mínguez me ha animado.
Como es típico, exponer las carencias… Descubrí La Odisea, como muchos supongo, a través de tebeos, y me pareció muy entretenida, con tantas aventuras, ¡todo un periplo! La leí de adolescente (hace muchos eones), junto con La Ilíada, en una preciosa edición de Vergara, que todavía conservo con mucho cariño; no la he releído, ¡mea culpa! Pero por supuesto he visto películas y series, y el relato se encuentra en muchas manifestaciones artísticas; además queda bien grabado en la mente.
Mi primer disgusto es con esa escasa iluminación que emplea nuestro director. Es que no distingo bien las caras (algo que me molesta sobremanera), ni los decorados e interiores: no se ve bien, ¡con todo lo que ha costado!, ¡brrrr! Y los exteriores no reflejan ¡la luz! de los cielos en el Mediterráneo, ni tampoco el espléndido colorido de sus aguas. Sí, suena simplón, y poco “vanguardista” eso de pedir que los planos sean “bonitos”; incluso se me puede acusar de defender el arte pompier, o simplemente cursi.
Mis modelos siguen siendo (típicos y tópicos) p. ej. Lawrence de Arabia (¡qué fulgor del desierto!, la aparición de Onmar Sharif…), o La Historia Más Grande Jamás Contada (¡vaya planos-pinturas!). Otra película “preciosa” es evidentemente Cleopatra de Liz Taylor. Pero no, C. Nolan no ha querido rodar así, aunque estoy convencido de que habría podido, en fin… ¿arte de hoy, de último chillido? Es frecuente que aluda a El Taller del Pintor de Gustave Courbet como modelo para un plano general (o panorámico) en el séptimo arte, empezando por la profundidad de campo (David Lean otra vez); y no pocos pintores del realismo, romanticismo, academicismo… pero en esta La Odisea ¡nada de nada!
En una obra de personajes de tamaña envergadura heroica, de eventos propios de epopeya, ¡quiero verles bien los rostros, y sus inttensas expresiones!
Para compensar/equilibrar me puse a ver unas cuantas escenas del Napoleón de Ridley, en el montaje que hizo. Lo admito, no pocas veces me incomoda ese juego de luces y sombras de sus estampas (¿artificioso, ombliguismo?), muy bellas sin duda, pero prefiero la claridad (fuerte) de los semblantes en David Lean. Pero Ridley compone planos de una belleza arrebatadora, ¡él sí que es un gran pintor!, el mejor sentido visual del negocio le llaman. Su trabajo sobre El Gran Corso contiene mucho de Courbet, C. D. Friedrich, Gericault, Delacroix, Federico de Madrazo, Corot, Bouguereau, Gérôme, Couture etc.; de hecho la época de aquél (e inmediatamente posterior) acumuló un buen puñado de pintores figurativos, y Scott les hace justicia con sus encuadres.
Por otra parte, como a muchos comentaristas, esta obra “no me llegó”, no me emocionó, ni impresionó, no sufrí (sympatheia) con los protagonistas, a pesar de toda su aparatosidad visual, ¿o quizás por ella? Tanta atención a la fotografía, el preciosismo en la luz, los decorados de libro de Historia, los estupendos atuendos, los vistosos uniformes, la presentación de los ejércitos y las batallas…, quizás disminuye el “puñetazo” dramático. Me resulta fragmentaria, como una sucesión de cuadros dramáticos, todos bien logrados, pero poco enganchados entre sí; p. ej. el atentado a la pareja protagonista, o la batalla de Marengo se presentan como un chispazo, un elemento entrevisto rápidamente entre otros muchos. ¿Ilación quizás?
Yendo a otro perfil, les propongo a Vds. un pequeño experimento. Corten al azar por lo filmado y vean una escena cualquiera, la que sea; se encontrarán con sobresalientes pinturas figurativas, un regalo para los ojos; abrirán la boca de admiración (no realicen este ejercicio con la de Nolan, por favor). Y así una y otra vez; pero el conjunto, ¡ay!; es que quizás no hay tal, sino secciones muy bonitas, para contemplar muchas veces. Se ha escrito que la exposición de la batalla de Austerlitz es confusa; en mi opinión es un conjunto de lienzos bellísimos; lo mismo aplico a Waterloo, con montaje de suspense casi. Las piezas tan impecables, tan acabadas y perfectas…, pero el resultado total, ¡hum!
Es plausible que una de las carencias sea un guión compacto, bien trabado y cerrado; junto a ello más tiempo de cámara con los actores, para que ellos den todo lo que puedan, en vez de adornar una secuencia; un drama como éste se sustenta en ellos. Se me ocurre otra comparación: La Delgada Línea Roja; desde la cinematografía es una obra maestra, pero está deshilvanada, a diferencia de Salvar al Soldado Ryan. En resumen, ¡qué fácil es criticar!
Mi otra contrariedad es en el montaje. Aquí evidentemente atiendo sobre todo a las escenas de acción/dinamismo; pues sí, me resultan embrolladas, de nuevo ¡no distingo bien qué está ocurriendo!; demasiado rápido, atropellado incluso, hasta mal encuadrado, ¡uf! Arístides Mínguez pone el foco en la pelea final contra los pretendientes; es que el cortar/pegar de las tomas me resulta otra vez un batiburrillo: ¿qué demonios pasa ahí?
Yo soy ciertamente de la vieja escuela, esto es, montaje y planos secuencias con desplazamiento representan los grandes recursos del Séptimo. Para el primero siempre nos quedará no París, sino D. Alfredo; pues desde luego su compatriota no le ha seguido en su largometraje, ¡ni se ha acercado! Me temo que es preciso rememorar los tiempos primeros/gloriosos de Bosque de Acebos; en aquellos esforzados días (¿todo tiempo pasado fue mejor?) eran mujeres las que editaban los largometrajes. En pequeñas habitaciones, ¡con tijeras!, cortaban y pegaban (sí, con cola incluso) pedazos de celuloide, para que este material adquiriera la forma de un relato. Pues sí, seccionar y empalmar, ayustar (¡me encanta este término!), para conseguir “sentido”, una historia. Período y señoras que merecen más detenido estudio, y yo mismo me comprometo a informarme mejor. Pues nuestro realizador no muestra conocimiento/destreza acerca de ese período. Sigo considerando que es una opción personal; ¿quizás ese seccionar/empalmar enmarañado intenta representar que así es la odisea de Ulises (y toda forma de existencia)? Sí, es así, yo me quedo con la nitidez narrativa, de todas todas, la claridad en el cinematógrafo, la fábrica de sueños de Bosque de Acebos, ¡la belleza que conlleva el Arte!, y ya puestos el Equipo de Ensueño del Barça dirigido por Johan Cruyff.
A pesar de todo lo anterior, defiendo esta La Odisea. Christopher ha logrado acercar un gran texto literario a espectadores de todo el mundo, incluyendo muchos jóvenes, ¡bravo!; no pocos se animarán a leerla, lo cual jamás habrían hecho probablemente.
No coloco a nuestro inglés-norteamericano entre los grandes contemporáneos (Wes Anderson, Sorrentino, Ridley, Fincher, Villeneuve), porque no lo juzgo descollante en el estricto lenguaje fílmico/estética/pintura. Otro ejemplo de lo último, no por habitual menos eficaz, es Barry Lyndon de Kubrick; aparte de un música exquisita y bien utilizada, muestra clara influencia de los lienzos de Hogarth, Gainsborough, Constable, Reynolds et alii: otro festín para nuestras retinas. Esta atención/excelencia pictórica la buscaremos inútilmente en esta La Odisea, nada, nothing, rien, niente, nichts; ¡nuestro cineasta pretenderá otros objetivos, distintos al atractivo visual!
Pero sí lo considero de los mejores en cuanto al guión; por su ingenio, atrevimiento, originalidad, difíciles temas científicos, ¡chapeau! Oppenheimer creo que es uno de las mejores escrituras de la Historia del Séptimo (¡qué pena de Óscar!).
Así que su La Odisea nunca me aburre; cierto, echo en falta a Nausícaa (¡ay la neumática Rossana Podestà!) los lotófagos (algo hay), y no estaré solo. Pero supongo que había que acortar. Cuando finalizó Oppenheimer yo confiaba en que nuestro autor emprendiera una película biográfica sobre Arquímedes (aprovechando el tirón de Indiana Jones), con Bardem, o quizás Cumberbatch. No ha podido ser; pero el final entendí su elección. Porque La Odisea es una gran historia, el prototipo de todas ellas, inmarcesible y no-irrelefante. De El Cautivo destaqué sobre todo la pericia de Amenábar para mostrar la garra que posee el contar una buena historia, el fluir, como hace el Cervantes prisionero, ¡como es el Quijote!
Pues bien, La Odisea (poema) es un gran “cuento”, que entretiene, emociona, atrapa, acongoja, también intriga sí. Todo ello está igualmente en la obra cinematográfica. La verdad es que lo que me ha cautivado de ésta es eso, i. e. Homero. ¡Vaya acontecimiento!, ¡qué personaje!, ¡qué trágico!, ¡sorprendente!, ¡inquietante!, ¡es para llorar!, ¿qué pasará a continuación? El vate ciego por siempre y para siempre, imperecedero.