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LAS MOSCAS, SARTRE, LIBERTAD

  • gonzalojesuscasano
  • hace 3 días
  • 7 Min. de lectura

Actualizado: hace 3 horas

LAS MOSCAS, SARTRE, LIBERTAD

Ser libre o no ser libre, ¡he ahí la cuestión!

En habiendo terminado en segundo tomo de Mil Ojos esconde la Noche; en habiéndome deleitado inmensamente con su lectura; en esperando que nuestro autor reciba pronto el merecido Nobel (a diferencia de Unamuno, Greene, Borges, Mailer, Auster…), en sumergiéndome en la apasionante trama…

Hete aquí que casi al final De Prada introduce a Albert Camus como un personaje de su épica novela. La libre (espero) asociación de ideas me ha conducido hasta el otro gran existencialista francés.

En mi primera lectura de Las Moscas, in illo tempore, lo que encontré ante todo fue un texto ético/filosófico, de notable peso: la libertad es esencial al Humano, nadie puede arrebatársela, ni los dioses, ¡ni él mismo! Estamos condenados a ser libres, sentencia Sartre, con ominosa contundencia, que nos sumerge asimismo en la metafísica.

Este último libro del baracaldés, con descripción/denuncia de los “collabos” & vichysoisses (no soperos, sino balneariescos) me ha enfrentado a otra posible “lectura” de la obra, teniendo en cuenta que se escribió durante La Ocupación. Según De Prada (y otro montón más de autores) poca Résistance existió en ese período, contra los boches.

Desde ese perfil esta pieza teatral podría “leerse” como filípica contra la pasividad (culpable) de gran parte de los compatriotas de Astérix. Sí, seguro que lo han oído un porrón de veces, leído y visto en largometrajes: si me rebelo contra los nazis perderé mi empleo (mis churumbeles perecerán de inanición), corro el riesgo de cárcel, tortura, campo (no de hortalizas), e incluso fusilamiento o gas (sin agua, sólo gas), etecé, etecé, etecé.

En fin, ya conocen Vds. la historia, ¿excusa, ineluctable imposición teutona? Los galos (sin pócima mágica) no eran libres antes las poderosas legiones ocupantes de César, ¡perdón, de Herr Adolf!; su fatum era la sumisión. No sé si el propio Jean-Paul tenía en mente ante todo una diatriba contra esta inacción, ya que siempre se es libre…, o si por el contrario su texto se orientaba a la estricta filosofía; por mi lado de las vías, de nuevo aprovecho para unas personales consideraciones.

-Poli malo: ¿Cómo que los parisinos et alii carecían por completo de alterativas? En vez de convivir, malvivir, y colaborar con los alemanes podrían coger sus bártulos, cruzar el Canal y unirse a La Francia Libre., ¡Eso es, Libre!

-Poli bueno: Reconoce camarada que la alternativa que planteas es muy de John Wayne; de hecho éste ¡no combatió en la S.G.M.! Los ciudadanos no podían dejar abandonadas a sus familias, a merced de los Deutsch; su primera obligación era para con ellas, antes que la Madre Patria.

-Poli malo: Argumento razonable; pero no obsta para que existieran opciones: contra viento y marea podías escoger ir a Inglaterra, camino que hicieron muchos, incluyendo de otras naciones.

-Poli bueno: Una decisión, sumarse a las tropas de De Gaulle, con tantos condicionantes y dificultades, escasamente puede denominarse tal, esto es, libre.

-Poli malo: Concedido. ¡Pero siempre puedes liarte la manta a la cabeza (y la correa del fusil) e ir a pegar tiros partiendo de Albión!

Desde esta perspectiva Sastre escribiría contra él mismo, contra Camus, y otros “que se quedaron”. Cierto, de ahí surgió Los Niños del Paraíso (que menciona el novelista zamorano), para no pocos la mejor obra cinematográfica gala, en competencia con La Regla del Juego de Renoir. En mencionado a éste…, el hijo del gran impresionista sí que se escapó a Bosque de Acebos, y allí rodó Esta Tierra es Mía; y desde luego ésta es una pieza de Résistance. En ella Sanders, el tipo grande, fuerte y lleno de energía (aparentemente) cede ante los nazis; mientras que el apocado, tímido y pasivo Laughton sí se une a la Résistance, es finalmente el héroe y obtiene como es de rigor el amor de Maureen. ¡Siempre eres libre para escoger tu conducta!, habría que espetarle a George!

En fin, voy a alejarme de este asunto, porque acabaré pinchándome con sus numerosas y punzantes espinas, éticas y epistémicas.

Pongamos por tanto el foco en la filosofía, alejándolo de la historia política.

Orestes ya ha cometido el Asesinato, desencadenado la Tragedia con su acto libre; es en este momento, en el que interviene Júpiter. El dios intenta apabullar al joven vengador, recordándole que con su Acción ha roto el orden de la naturaleza. Sí, en efecto, recuerda (¡y amenaza!) que Él ha creado el kosmos, y éste por definición es Orden: Armonía de las Esferas, revoluciones reglamentadas de los cuerpos celestes (antes de que Newton las explicara matemáticamente); sistematización del mundo orgánico (antes de que Darwin lo elucidara).

El hermano de Electra, con su conducta (hybris) ha descompuesto ese Orden, que equivale a El Bien en el Universo. Lo que es peor, se resiste a arrepentirse, a devolver la armonía a aquél; ¡anatema! La Deidad intenta amedrentarle, ¡sin éxito! Orestes ha actuado siguiendo su libre albedrío, y éste es su esencia, es él mismo; se ha percatado de que ni siquiera el más poderoso del Olimpo puede quitarle su libertad.

El mayor pecado “cultural” es el incesto, porque destruye la sociedad, la posibilidad de intercambio de bienes/mujeres/mensajes; ahí hallamos la más grande tragedia, la de Edipo. Pero este asimismo “desmesurado” jovenzuelo ha ido casi tan lejos en su Ofensa a la Ley: ha matado a su madre. Pero ni por esas reniega de su proceder, porque era lo debido; esto es, la sangre y la justicia exigían esa obra, y él la ha realizado en posesión de su libertad, y de su responsabilidad. Los dioses son impotentes contra él, contra su Acto: hybris.

¡Tremendo!, ¡rayos flamígeros, truenos tronantes! Este ser humano ha desvelado (alethetia) la Realidad: el animal racional determina por sí mismo su comportamiento, y Júpiter no puede obstaculizarlo. Éste lo confiesa, abrumado & derrotado, ante el héroe trágico.

No me negarán Vds. que la obra sartriana, es ¡imponente! Nada puede domeñar nuestra consustancial libertad. Que fortuna, pero igualmente infortunio: tú lo has hecho, y en caso de obra deshonesta ¡eres responsable!; debes pagar por ello con cárcel ante la colectividad. O con remordimiento ante tu propia conciencia: que puede ser peor, si eres un Karamazov o Lord Jim.

En fin, conocemos bien la situación: tu comportamiento no ha sido determinado por Júpiter, ni por la impronta social que te imbuyeron, ni por los mandatos del Inconsciente, ni por las tropas de la Wehrmacht…, no, no. Tú mismo tomaste la decisión, y debes rendir cuentas; claro que si fuiste ejemplar/recto, te las rendirán a ti, ¡o héroe moral! Es que no podía enfrentarme yo solo a soldados nazis en París, es que me obligaron esas circunstancias, es que tenía que pensar en mi mujer e hijos, es que…; no, no, replica Orestes, siempre pudiste actuar como De Gaulle et alii; Prévert y Carné permanecieron en la Galia ocupada, construyendo obras de arte…, pero Jean Renoir emigró a Yanquilandia para seguir haciéndolo igualmente. Sí, sí, gran peso el de la libertad, que no podemos quitarnos de encima nunca según Jean-Paul.

 

SER LIBRE O NO SER LIBRE

Ser libre o no ser libre, he ahí la cuestión.

Todo está escrito, proclama el ulema – Nada en la humana existencia está decidido, contradice el sartriano.

Si me proporcionas los datos iniciales, prediré todos los eventos, incluyendo los humanos, afirma el ilustrado científico galo – Nunca alcanzarás tal capacidad, porque la libertad todo lo permea, todo lo puede, todo lo no-determina. -No preciso de la hipótesis de un Dios – Sin ella no explicas, quizás respondió el napoleónico emperador, ¿pensando en el Azar (darwiniano), rival de la deidad?

Nada hay nuevo bajo el Sol – La luz (electromagnética) del astro rey es nueva cada día. la de la Luna cada noche.

Todo igual, todo igual, todo igual, grazna el bruno pajarraco en la negra noche novainglesa – Nunca igual, nunca igual, nunca igual, protesta el filósofo existencialista en medio del diáfano día en el Mare Nostrum, aquél que albergó el periplo odiseo.

Cada lágrima vertida por las atribuladas madres frente la ignota dolencia que consume al indfenso vástago es diferente; cada lamento del padre ante el hijo que sale a enfrentarse al mundo es diverso; la agonía al despedir al hermano que marcha a la incierta batalla es siempre desemejante; la duda existencial de cada uno ante el qué debo hacer es dispar en toda circunstancia…

Nada puedes hacer, siempre es Lo Mismo, nada Cambia – Tu acción puede modificarlo Todo, empezando por tu carácter.

Todo lo rige Ananké – Nada imponen las férreas cadenas de la Ley inmutable a los hechos de los hombres.

Las límpidas arenas del tiempo carecen de senderos marcados; todo en ellas está impoluto, aguardando las impredecibles pisadas de los sapientes, las gestas de éstos que serán celebradas por un homero.

En nada os afanéis, homines, porque nada inédito lograréis – Todo es original bajo el Sol, incluyendo éste mismo.

Ser Humano, ¡ríndete al Sino! – No hay tal, ¡voto a bríos!, sino Inauguración perenne; la indeterminación en las ondas, la incertidumbre en las partículas, lo inesperado en los bípedos implumes.

¡Parricidio!, ¡anatema, claman desde el Olimpo!, ¡sacrilegio, rugen en el panteón romano!, ¡bárbaro, gritan todas las deidades de todas las religiones!, ¡antinatural, braman los antropólogos sociales/culturales!, ¡transgresión inhumana aúllan todos los doctores de todas las leyes de todas las comunidades! - ¡Mi decisión, mi Acto!, ¡mi libertad!, opugna desafiante el insolente joven argivo, trágico entre los trágicos, ¡independiente!

Producto total eres de educación recibida, o quizás de las pulsiones del Inconsciente, asevera el fatalista helénico, islámico o marxista - No, no y no, Peregrino, tú no eres marioneta de los valores culturales inyectados; ni pelele de las pulsiones inaccesibles e inviolables del Id. Tú eres Ego, consciencia, claridad que escoge su rumbo por medio de una elección incondicionada dentro de un abanico de posibilidades. No eres un pelele, explorador sin fin.

Es que mi mulá, purohit, cura, bhikkhu,  pastor, brahmán, rabino, predicador me ha dicho taxativamente que Esto es lo que debo hacer – Pues puedes cambiar de mulá, o de religión, o hacerte ateo.

La función de onda (cuántica) decreta todo desde el Principio, desde el Gran Pum – Si la hay, o vate físico-matemático, no es ni todopoderosa, ni todo-definitoria.

Todo es vano, porque está ya realizado, predicho – ¡Agere aude!, tú puedes, si quieres; incluso aunque no quieras firmemente, ¡consigues!

Caminante, tu destino (sendero) no está trazado; Shane hallará otro valle y otro desafío. Errabundo, no desfallezcas; linyera. ¡continúa!... Esto es el animal racional.

La sustancia no es el Ser parmenídeo, inmutable y todo-igual, sino: quizás, probable, plausible, factible, ejecutable, Posible…

Ente pensante, ¡persevera!, y llegarás, obtendrás, triunfarás.

No hay esencia, sino sólo existencia, recuerda Sartre. Es la Apertura, en la Sociedad y en sus miembros…, nadie lo adivina, lo sabe. Eres libre por naturaleza, ¡oh viajero!; ahí radica tu bienaventuranza, y tu condena, ¡porque eres responsable de lo hecho con tu libre albedrío! La consciencia no sólo nos hace cobardes, sino culpables o inocentes: tal sí es el hado (¿benéfico?) de nuestra especie.

No, no, Westmoreland, no pidas un inglés más a la patria… somos los que somos, y estamos los que estamos, y nosotros con nuestra libertad/acciones dilucidaremos el Destino ¡no escrito! de la batalla de Azincourt.

Ser libre o no serlo, ¡he ahí al Hombre!

 

 
 

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