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NATURALEZA, Y OTRAS COSAS… NATURALES

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Actualizado: hace 8 horas

NATURALEZA, Y OTRAS COSAS… NATURALES

Pues efectivamente, en esta ocasión es la relectura de un apreciable artículo de Víctor Gómez Pin sobre lo sagrado y la naturaleza lo que ocasiona que el profano profesional (y abajo firmante) se ponga en marcha. En fin, otro texto habría servido como buen subterfugio igualmente, pues el tema es de lo que me más visito.

¨Naturaleza”, egregio término (inmarcesible y no-irrelefante), henchido de connotaciones, denotaciones, implicaciones y discusiones. Ciertamente mucho se ha deliberado sobre ello, con notables consecuencias para la vida política, social, y personal. De esos debates que causan que los miembros de una familia dejen de dirigirse la palabra, tras una agitada sobremesa: lo mismito que ocurre con nacionalismo/separatismo/independentismo.

“Naturaleza”, de nascor; al igual que “physis” proviene de “phyo, nacer o  brotar.

¿Qué es la Naturaleza? Pues lo que Nosotros no somos, si queremos usar (a veces sin remedio) una definición negativa, como en la teología ídem. Pero no, no se trata de esta última, muy al contrario. Igualmente es lo no-sagrado (Mircea Eliade), porque esto es lo extraordinario/admirable/insólito/excepcional, esto es lo sobre-natural…, que asimismo es lo sobre-humano.

La naturaleza es por lo tanto ríos, montes, lagos, jilgueros, arroyos, colinas, petirrojos, chuchos, arroyuelos, acacias, micifuces, cuarzo, feldespato, mica, tractores (no, eso no), rosas, pinos, hormigas, computadoras (eso tampoco), mariposas, leones (y los otros cinco grandes), marmotas, nubes, cordilleras, suegras (tampoco esto), bacterias, cacatúas, percebes etecé, etecé, etecé.

En suma, todo un revoltijo abigarrado, mineral + vegetal + animal, que se identifica porque no son Sapiens, sino lo que rodea a éste. Por ello yo favorezco el vocablo “entorno”. No es por consiguiente una señora, un individuo, una sustancia concreta, ni siquiera una mónada (monada a menudo desde luego).

Si nos ponemos nominalistas es simplemente (muy lex parsimoniae) un flatus vocis, nada más que una palabra, con la que denotamos Algo en el mundo real (en la Naturaleza, ¡je, je!) que no es el Racional. De modo que es lo Otro; así, sin más, vago impreciso.

Bueno, quizás fuera más adecuado establecer que Nosotros somos lo Otro, puesto que somos muchos menos. Sin embargo no es así, ni muchos menos, ya que los seres humanos somos los que decidimos; ¿por qué?, porque somos quienes tomamos la palabra. ¿Y por qué de nuevo?, porque somos los únicos que la poseemos; el que designa, denota, describe (el lenguaje), ¡es el Señor!

Ergo, tal ente, o mejor expresado, ese conjunto indefinido no puede ser sujeto de derechos, ¡porque no es un sujeto! Nosotros sí lo somos, con todos efectos correspondientes, ¡y responsabilidades! ¿Es ello arrogancia, pretenciosidad por nuestra parte?, en absoluto, es rugosa y escarpadamente un dato empírico.

Desde luego la aparición del Hombre supuso un hito en la evolución, un cambio bestial (¿humanal?), hasta un niño lo sabe. Somo los que representan, crean en verdad, los eventos, al narrarlos (p. ej. en Homero); quienes inauguran el lenguaje y la ética. No demandamos a un chucho por mordernos, o a un minino por arañarnos; ni tampoco al océano por un tsunami, ni al centro de la Tierra por un terremoto. Mucho menos a las nubes por habernos fastidiado un fin de semana largamente esperado y planeado. Todo ello no es “encarcelable”, ¡pero nosotros sí! Sapiens, ¡una gran transformación ciertamente!, ¡esto sí que es una mutación, de las gordas darwinistas!

¿Manipulamos la Naturaleza? ¡Hum! Espinosa pregunta, muy actual, muy de corrección política. Por repetirme…, opino que está mal planteada. Si nos plantamos (sin echar raíces) en la ética estricta sólo se puede manipular (ser malo moralmente) a otro individuo, a otro sujeto…, no a un agrupamiento de elementos, que bautizamos como el entorno.

No hace insistir en que nuestra especie no puede subsistir sin modificar, en nuestro provecho, el ambiente. Yo soy yo y mi útil; la techne es nuestra esencia: homo habilis, ergaster, faber. Todo bien conocido y tratado. Por lo tanto, ¡cuidadín con los derechos de los animales!, ¡cuidadón con las prerrogativas de Gaia! ¡Ante todo, Nosotros!

¡Nada es sagrado!..., he ahí para muchos contemporáneos el lema, la descripción de los tiempos que corren (desbocadamente en ocasiones). ¿Y qué es lo santo?, pues el antónimo de profano; y éste a su vez lo mundano, lo corriente & normal. En consecuencia “naturaleza sagrada” puede considerarse un oxímoron; y en tal caso, ¡uf!, hemos establecido muchísimo, ¡casi para callarse sobre el tema!

¿Cuándo surge lo sacro en el mundo?, ¡pues con los Homines sin duda! Éstos poseen lenguaje, emplean instrumentos y tienen mitos (Mircea Elidade de nuevo). Lo sacrosanto no es una propiedad objetiva de los seres (naturales), sino la Forma que empleamos para percibir el entorno. Sí, sí, de nuevo me pongo en plan kantiano.

Producimos por tanto una esfera intelectual/simbólica, en la que ciertos objetos, plantas, animales, accidentes geográficos, acontecimientos…, son “vistos” (a través de nuestro filtro) como dotados de cualidades especiales, que transcienden lo ordinario: así surge lo sagrado. De nuevo el pensador de Montaña del Rey: es similar a un ropaje (los a priori) que lanzamos sobre la Naturaleza, para percibirla & entenderla, para “categorizarla”. Efectivamente, aprehendemos la realidad física a través de una nueva luz, ¡la nuestra! ¿Revolución copernicana?

Vayamos a otro intelectual Deutsch; los humanos somos capaces de albergar ricas ensoñaciones, en las cuales se no manifiestan los dioses (apolíneos). De igual modos podemos “encontrar” en lo que nos rodea, común y corriente, elementos mágicos, sobre-naturales, sobre-humanos. ¿Fantasía, ilusión, delirio por drogas, neurosis freudiana? Dejémoslo en la capacidad innata del Hombre para generar universos simbólicos, que dan comienzo con el propio lenguaje.

La Madre Naturaleza no es un sujeto (ni ha parido a ningún sujeto), así que no puede ser sacra. Pero inmensamente comprensible que los Racionales le donen tal propiedad. De nuevo, arriesgándome epistemológicamente, encuentro un paralelismo con el totemismo: los irracionales transidos de rasgos mágicos, misteriosos, y conectados a los a los racionales y sus clanes. ¡Hum!, atrevido pero prometedor sendero para la investigación/comparación. Igualmente espinoso, porque la corrección política en su faceta de Animalismo, ¡acaba relacionada con prácticas & creencias de pueblos primitivos! No suena muy (pos)moderno ciertamente; es más, puede resultar escandaloso para la izquierda brahmán.

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