NATURALEZA, Y OTRAS COSAS… NATURALES
- 17 feb
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Actualizado: 4 mar
NATURALEZA, Y OTRAS COSAS… NATURALES
Efectivamente, en esta ocasión es la relectura de un apreciable artículo de Víctor Gómez Pin sobre lo sagrado y la naturaleza lo que ocasiona que el profano profesional (y abajo firmante) se ponga en marcha. En fin, otro texto habría servido como buen subterfugio igualmente, pues el tema es de lo que me más visito.
¨Naturaleza”, egregio término (inmarcesible y no-irrelefante), henchido de connotaciones, denotaciones, implicaciones y discusiones. Ciertamente mucho se ha deliberado sobre ello, con notables consecuencias para la vida política, social, y personal. De esos debates que causan que los miembros de una familia dejen de dirigirse la palabra, tras una agitada sobremesa: lo mismito que ocurre con nacionalismo/separatismo/independentismo.
“Naturaleza”, de nascor; al igual que “physis” proviene de “phyo, nacer o brotar.
¿Qué es la Naturaleza? Pues lo que Nosotros no somos, si queremos usar (a veces sin remedio) una definición negativa, como en la teología ídem. Pero no, no se trata de esta última, muy al contrario. Igualmente es lo no-sagrado (Mircea Eliade), porque esto es lo extraordinario/admirable/insólito/excepcional, esto es lo sobre-natural…, que asimismo es lo sobre-humano.
La naturaleza es por lo tanto ríos, montes, lagos, jilgueros, arroyos, colinas, petirrojos, chuchos, arroyuelos, acacias, micifuces, cuarzo, feldespato, mica, tractores (no, eso no), rosas, pinos, hormigas, computadoras (eso tampoco), mariposas, leones (y los otros cinco grandes), marmotas, nubes, cordilleras, suegras (tampoco esto), bacterias, cacatúas, percebes etecé, etecé, etecé.
En suma, todo un revoltijo abigarrado, mineral + vegetal + animal, que se identifica porque no son Sapiens, sino lo que rodea a éste. Por ello yo favorezco el vocablo “entorno”. No es por consiguiente una señora, un individuo, una sustancia concreta, ni siquiera una mónada (monada a menudo desde luego).
Si nos ponemos nominalistas es simplemente (muy lex parsimoniae) un flatus vocis, nada más que una palabra, con la que denotamos Algo en el mundo real (en la Naturaleza, ¡je, je!) que no es el Racional. De modo que es lo Otro; así, sin más, vago impreciso.
Bueno, quizás fuera más adecuado establecer que Nosotros somos lo Otro, puesto que somos muchos menos. Sin embargo no es así, ni muchos menos, ya que los seres humanos somos los que decidimos; ¿por qué?, porque somos quienes tomamos la palabra. ¿Y por qué de nuevo?, porque somos los únicos que la poseemos; el que designa, denota, describe (el lenguaje), ¡es el Señor!
Ergo, tal ente, o mejor expresado, ese conjunto indefinido no puede ser sujeto de derechos, ¡porque no es un sujeto! Nosotros sí lo somos, con todos efectos correspondientes, ¡y responsabilidades! ¿Es ello arrogancia, pretenciosidad por nuestra parte?, en absoluto, es rugosa y escarpadamente un dato empírico.
Desde luego la aparición del Hombre supuso un hito en la evolución, un cambio bestial (¿humanal?), hasta un niño lo sabe. Somo los que representan, crean en verdad, los eventos, al narrarlos (p. ej. en Homero); quienes inauguran el lenguaje y la ética. No demandamos a un chucho por mordernos, o a un minino por arañarnos; ni tampoco al océano por un tsunami, ni al centro de la Tierra por un terremoto. Mucho menos a las nubes por habernos fastidiado un fin de semana largamente esperado y planeado. Todo ello no es “encarcelable”, ¡pero nosotros sí! Sapiens, ¡una gran transformación ciertamente!, ¡esto sí que es una mutación, de las gordas darwinistas!
¿Manipulamos la Naturaleza? ¡Hum! Espinosa pregunta, muy actual, muy de corrección política. Por repetirme…, opino que está mal planteada. Si nos plantamos (sin echar raíces) en la ética estricta sólo se puede manipular (ser malo moralmente) a otro individuo, a otro sujeto…, no a un agrupamiento de elementos, que bautizamos como el entorno.
No hace insistir en que nuestra especie no puede subsistir sin modificar, en nuestro provecho, el ambiente. Yo soy yo y mi útil; la techne es nuestra esencia: homo habilis, ergaster, faber. Todo bien conocido y tratado. Por lo tanto, ¡cuidadín con los derechos de los animales!, ¡cuidadón con las prerrogativas de Gaia! ¡Ante todo, Nosotros!
¡Nada es sagrado!..., he ahí para muchos contemporáneos el lema, la descripción de los tiempos que corren (desbocadamente en ocasiones). ¿Y qué es lo santo?, pues el antónimo de profano; y éste a su vez lo mundano, lo corriente & normal. En consecuencia “naturaleza sagrada” puede considerarse un oxímoron; y en tal caso, ¡uf!, hemos establecido muchísimo, ¡casi para callarse sobre el tema!
¿Cuándo surge lo sacro en el mundo?, ¡pues con los Homines sin duda! Éstos poseen lenguaje, emplean instrumentos y tienen mitos (Mircea Elidade de nuevo). Lo sacrosanto no es una propiedad objetiva de los seres (naturales), sino la Forma que empleamos para percibir el entorno. Sí, sí, de nuevo me pongo en plan kantiano.
Producimos por tanto una esfera intelectual/simbólica, en la que ciertos objetos, plantas, animales, accidentes geográficos, acontecimientos…, son “vistos” (a través de nuestro filtro) como dotados de cualidades especiales, que transcienden lo ordinario: así surge lo sagrado. De nuevo el pensador de Montaña del Rey: es similar a un ropaje (los a priori) que lanzamos sobre la Naturaleza, para percibirla & entenderla, para “categorizarla”. Efectivamente, aprehendemos la realidad física a través de una nueva luz, ¡la nuestra! ¿Revolución copernicana?
Vayamos a otro intelectual Deutsch; los humanos somos capaces de albergar ricas ensoñaciones, en las cuales se no manifiestan los dioses (apolíneos). De igual modos podemos “encontrar” en lo que nos rodea, común y corriente, elementos mágicos, sobre-naturales, sobre-humanos. ¿Fantasía, ilusión, delirio por drogas, neurosis freudiana? Dejémoslo en la capacidad innata del Hombre para generar universos simbólicos, que dan comienzo con el propio lenguaje.
La Madre Naturaleza no es un sujeto (ni ha parido a ningún sujeto), así que no puede ser sacra. Pero inmensamente comprensible que los Racionales le donen tal propiedad. De nuevo, arriesgándome epistemológicamente, encuentro un paralelismo con el totemismo: los irracionales transidos de rasgos mágicos, misteriosos, y conectados a los a los racionales y sus clanes. ¡Hum!, atrevido pero prometedor sendero para la investigación/comparación. Igualmente espinoso, porque la corrección política en su faceta de Animalismo, ¡acaba relacionada con prácticas & creencias de pueblos primitivos! No suena muy (pos)moderno ciertamente; es más, puede resultar escandaloso para la izquierda brahmán.
No hay cosas bellas o feas en el mundo: somos nosotros los que las “vemos”/hacemos así. Por supuesto tampoco buenas o malas, a menos que se refieran a nuestro comportamiento (¡para Nietzsche ni eso!): la Evolución es éticamente neutra. Tampoco existe lo sobre-natural en la Naturaleza: somos nosotros los que lo ponemos ahí (de nuevo el Regiomontano prusiano). La conclusión, difícil de evitar, es que son los bípedos implumes quienes crean el Arte, la moral… e incluso la religión/universo de lo mítico. ¿Es entonces todo Geist? Desde el punto de vita del autor de estas líneas, ¡no!, porque no me salgo de Kant para llegar hasta Hegel, ¡ni mucho menos!
Sin embargo de todo lo anterior el que sale muy mal parado es el materialismo en general, y el histórico en particular: eso de que todo es Materia, y sus metamorfosis ¡nada de nada! ¿Y qué hay de todo lo que concibe el Racional? No es un pequeño “universo”, ¡todo lo contrario!
Con tanto pensamiento único (término que hallo absolutamente anti-Ilustración, ¡lagarto lagarto!), y en concretamente ecologismo extremo, está bastante presente en los cenáculos Gaia. Pero, erre que erre, declaro que la tal no es una matrona, ni una diosa, ¡ni un individuo (o individua)! Conclusión, no es sujeto de derechos, al no ser sujeto; sería perfectamente irracional postergar nuestro derecho a la vida, a la libertad, la búsqueda de la felicidad (¡qué estupenda expresión!), propiedad privada, expresión, reunión, los de nuestros hijos etc., a favor de los de Gaia. Ésta es al fin y a la postre sólo un ens fictionis.
Por cierto, volviendo al texto de Víctor Gómez Pin, éste coloca atinadamente otro bien fundamental, de Eddington, y que yo catalogo como plenamente kantiano. Sin embargo, con el permiso de Vds., me atrevo a discrepar de Sir Arthur. Para éste al final del camino lo que descubre la ciencia es ¡la mente humana!, i. e. sus patrones (¿a priori, categorías?), estructura, matemáticas; en fin, ¡otro zambombazo contra el materialismo! A mi modesto entender la mecánica cuántica no encaja con esto, porque es profundamente contra-intuitiva, contra nuestro aparato sensorial; la realidad cuántica es difícil de describir con nuestros conceptos “clásicos”, con nuestra lógica aristotélica (quizás de requiera crear otra), con la organización cerebral de un homínido de sabana. Tenemos que forzar incluso nuestro sentido común, y nuestros lenguajes artificiales. En fin, éste es otro asunto, que ha merecido miles de páginas, y otras tantas que están por venir. Me arriesgo a expresarlo como el hecho crudo y duro de que el bípedo del Rift Valley se ha topado con ding-an-sich de bruces y de frente, y está todavía intentando encontrar el “ropaje” (conceptos puros, ciencias exactas) que se le ajuste. Un hecho no existe hasta que no es observado, El Gato no está ni vivo ni muerto hasta que miramos dentro de la caja, mundos paralelos & multiverso etc., ¿quieren Vds. más “choque” contra nuestras intuiciones? Pues para ello deben acudir a la ciencia-ficción.
Dicho a lo bruto, en la física de los quanta el Homo Sapiens chocado con Algo difícil de percibir (con los cinco sentidos), y de explicar con los medios de nuestra razón: está ahí, pero no sabemos exactamente qué demonios (o dioses) es.
Estirando un poco más el chicle (plática), puesto que nadie lo obstaculiza, toco otro punto que asimismo ha merecido miles de páginas. El materialismo dialéctico es, si así lo queremos, la doctrina sobre la Naturaleza del marxismo; de modo que sí, entra en el campo (y conflicto) de la físico-matemática más avanzada, ¿burguesa? Cierto, a diferencia de esta última no es capaz de construir predicciones, con lo cual carece por completo de porcentaje de corroboración empírica ¿capitalista? Pero desde luego que se sustenta sobre axiomas, y pretende explicar cómo son los procesos naturales. Sí, por extraño que parezca, hay una competencia entre la doctrina de Engels y la cuántica, para explicar qué es la Materia, y considero que hay que decantarse por una u otra.
Otra consideración que abordo a menudo es la del saber supremo; ya sabemos que en el Medievo fue la teología. Hoy yo diría que es la mecánica cuántica, aunque ya he aludido a gentes que apuestan por la pedagogía. Evidentemente para los comunistas es la economía política (de El Treviriano): ella dilucida qué es la Realidad, que es social por supuesto. Ahí no habría impacto con la ciencia experimental moderna, pero, pero…, sí lo hay cuando nos vamos a la Dialéctica de la Naturaleza, ¡ejem!, ¡hum!, ¡ay!
Los comunistas determinan que el “arjé” es la Materia; pero es necesario precisar más en la ciencia actual: corpúsculos, ondas, quarks, cuerdas, información (it from bit). Aquí no existe ajuste con eso de la unidad de los opuestos, cantidad generando cualidad, negación, de la negación; en mi opinión hay rivalidad, ergo, ¡hay que escoger!
En fin, Naturaleza no equivale en absoluto a Hombre (arte, moral, religión, ciencia). Y me temo que en muchos casos hay que elegir, priorizar.